Halloween

Hoy he salido al rellano y me ha extrañado encontrarme papeles tirados por el suelo. Entro al ascensor y  lo mismo, pero además aderezado con un chicle que por un designio del destino ha ido a parar a la suela de mi zapato. Esto ya no es normal. De pronto me viene al pensamiento la caterva de tiernos infantes que fueron pasando anoche a oleadas por mi casa exigiendo un trueque.

Los primeros que llamaron estaban ataviados con unos disfraces queriendo simular engendros, pero resultaban adorables tanto por el fulgor de sus risitas como por la timidez y el recato que mostraban en su ruego,  propio de su corta edad. Ante el candor de su petición, no pude más que rebuscar en la alacena y obsequiarles con las mejores golosinas que pude encontrar. Cerré la puerta con una entrañable sonrisa dibujada en mi cara, y cuando acababa de sentarme en el sofá para seguir disfrutando de mi serie favorita, volvieron a llamar a la puerta. Al abrir me encuentro con otra pandilla (no puedo decir con exactitud si era otra o la misma, ya que venían disfrazados de la misma manera y con las mismas peticiones), y ante su demanda les contesto que ya me he quedado sin caramelos  ya que se los di a un grupo anterior. Tuercen el rictus y se van un pelín malhumorados. -¡Por fin!, me digo, ahora a seguir disfrutando de la paz de mi hogar. Y cuando más enfrascado estaba siguiendo el filme (estaban a punto de matar al protagonista), volvieron a llamar a mi morada. Como no tenía nada que ofrecer y no quería que se llevaran ningún desengaño opté por no abrir la puerta. Supongo que como los niños oirían los estertores del actor  que provenían de la televisión, se dieron cuenta de mi ardid. Y entonces siguieron timbrando y pasaron a golpear la puerta hasta que después de un tiempo desistieron y se fueron con su cantinela a otro lado.

Como parece que esta costumbre proveniente de allende los mares ha venido a quedarse y aún a riesgo de parecer un nuevo “Scrooge”, me gustaría hacer una petición a toda las personas que la potencian (educadores, padres, comercio, restauración, medios de comunicación…), en que incidan que estas peticiones deben de ir acompañadas con unas virtudes como son la educación y la urbanidad, para ser tenidas en gracia y que no se desvirtúe el mensaje.

Lógicamente hoy, mirando por la ventana  se ven pocos niños. Habrán ido acompañando a la familia al cementerio a recordar a sus seres queridos difuntos.

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