Un original pecado

Los más mayores del lugar hemos crecido, nos hemos educado, con las historias de la Biblia, las cuales nos eran contadas en las clases de religión, allá cuando esta era una asignatura obligatoria. Hoy, gracias a Dios, estas clases son simplemente opcionales, las cuales serán elegidas o no dependiendo de los deseos del progenitor.

Una de estas historias más conocidas es el relato sobre el origen de la humanidad, encarnado en Adán y Eva. Adán, el primer hombre, vivía en un paraíso diseñado por Dios para su disfrute. A causa de su soledad el aburrimiento fue adueñándose de él, y Dios, el que todo lo ve, se dio cuenta, por lo que de entre todas las posibilidades que ofrece el ser omnipotente, optó por coger una costilla de Adán y crear la primera mujer, una compañera. Quizás esta sea la causa de que la mujer haya sido tratada como algo accesorio a través de la historia, como algo que surgía para tapar una carencia del hombre, el creado a imagen y semejanza de Dios. Y ahí comenzó una vida feliz en el paraíso.

Pero no, no podían quedarse quietos. En mitad del parque estaba el árbol más lucido y frondoso de todos. El llamado árbol del conocimiento. Pero ese árbol tenía una pega. Dios había dispuesto que no pudieran comer de su fruto. En un principio aceptaron esa norma con indiferencia. ¿Qué más les daba esa minúscula limitación si podían disfrutar de la inmensidad de frutos del jardín? Pero una revolucionaria serpiente que pasaba por allí, le sugirió una serie de peligrosas ideas a  la crédula Eva, y como no, Adán, esa persona de veleidoso espíritu, las tuvo en consideración.

¿Cómo podía prohibirles Dios comer la fruta de ese árbol? ¡Semejante fruslería! Y encima del árbol del conocimiento, que quiere ¿qué no adquiramos la sabiduría? ¿Qué padre querría tener a sus hijos en la ignorancia, que no disfrutaran de la consciencia, aun a sabiendas que esta pudiera ser dolorosa? Y como seres libres y curiosos que habían sido creados, ante una nimia petición que no entendían, rebelándose ante un deseo incongruente, aunque este proviniera de la fuente de todo saber, comieron del fruto prohibido. Pecaron, desobedecieron, y por este garrafal crimen, desobedecer, fueron echados del paraíso para toda la eternidad, ellos y sus descendientes. Bueno, digamos que se le fue un poco la mano a Dios, que no fue muy misericordioso. Quizás tampoco se supo explicar bien.

Y así empezaron nuestras cuitas. Nos convertimos en humanos, con nuestras imperfecciones, nuestros aprendizajes y nuestras tribulaciones. Nos vimos obligados a bregar para solventar los problemas que iban apareciendo, aprendiendo a cada paso y  felicitándonos por cada dificultad resuelta. Dejaron de aceptar órdenes de nada ni nadie, asumieron sus deslices, por lo que respiraron libertad convirtiéndose ellos mismos en dioses, en dueños de sus destinos. Se rebelaron contra esas enseñanzas que propugnaban el no pensar, el no cuestionar, se alzaron contra la necesidad de obedecer siempre, aun a costa de sufrir las consecuencias. Pasaron a no aceptar por verdaderas las palabras de unos hombres solo porque ellos mismos dijeran que son emisarios de Dios. Y así, paso a paso, cayendo y levantando, ha transcurrido la historia hasta nuestros días. Amén.

4 comentarios sobre “Un original pecado

  1. Que tal estás, Valti. Yo soy de esos mayores y creo que Dios se paso en el castigo, porque yo por lo menos no hice nada y también a mí me castigó. Respecto a que a la mujer se le trate como algo accesorio, puede que sea esa la causa. Un abrazo

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