La caja de herramientas

La caja de herramientas de cualquier hogar, en el cual sus componentes hayan decidido arreglar por ellos mismos los pequeños destrozos que el tiempo y el uso hacen de la morada, es un pozo sin fondo donde van a parar todos los sobrantes de las chapuzas a las que te has tenido que enfrentar a lo largo de tu vida. Esa caja, siempre está olvidada en un oscuro y apartado rincón, cual travieso infante de las anticuadas escuelas afrontando su castigo: contra la pared. Pero cuando algo hace crack en casa, cuando en tu cabeza se te mete la necesidad de una mejora, todas tus miradas se dirigen a esa salvífica caja.

Cada mil años, o cuando tu sentido de la decencia te avise, lo que ocurra antes, la sacas de su rincón y la vacías encima de la mesa, la limpias, y examinas todo lo que atesora en su interior. Herramientas varias, con sus múltiples muescas causadas por lustros de traqueteos y usos indebidos. Tornillos, tirafondos, tuercas, de todos los tamaños y materiales, supervivientes y sobrantes de las mil batallas que tuvieron que acometer, guardados con la esperanza que solucionen la próxima. Gomas, bridas, cables, mecanismos, todo inservible en su mayoría, pero que guardas por si en el futuro, ese minúsculo e insignificante clavo te puede salvar del hundimiento del Titanic o del resquebrajamiento de la Presa de las Tres Gargantas. Trozos inútiles de los miles de naufragios que has tenido que capear, que te hacen rememorar los apuros que pasaste y te enorgulleces del remiendo que empleaste para salir victorioso del lance.

Y después de un buen rato en la abstraída tarea, intentando seleccionar que puedes tirar para dejar sitio para nuevos lances, vuelves a meter todo a la caja, eso sí, más ordenado, pero habiéndole solo quitado un par de gramos de peso (polvo y telarañas), pero sonriendo, porque de aquí a unos lustros, al volver a enfrentarte a su limpieza, volverás a recordar, a llenar tu vida con las situaciones en las que saliste victorioso.

7 comentarios sobre “La caja de herramientas

  1. Pensarás que las mujeres no somos de DIY, pero he tenido mis momentos «victoriosos». No cojo la electricidad, eso sí. Con respecto a la caja, la vacié y la ordené, junto al espacio de cachivaches debajo de la escalera, porque un día me dio obsesión por ordenar. Hasta ordené los tornillos por tamaño y puse etiquetas… Yo sé dónde están los clavos y la pasta para revocar je je 🙂

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    1. jaja Mi hija vive sola en una gran ciudad, y me encanta que poco a poco vaya haciéndose con su propia caja, que de seguro le sacará de cualquier mínimo apuro. Son pequeñas enseñanzas que deberían de potenciarse en la escuela, bricolaje, cocina, costura (por supuesto, sin distinción de sexos) que seguro te van a ser útiles en algún momento, y ayudan a a tu formación tanto como otro tipo de enseñanzas mas institucionalizadas…¡ah!, y la electricidad solo es ponerse…un saludo Paula!…Oscar

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