Lotería

Como en cada crepúsculo anual, comienzan a suceder los mismos eventos año tras año. Uno de ellos son los anuncios publicitando la compra de décimos de lotería para el sorteo de Navidad. En dicha publicidad, tocándonos la fibra más sensible propia también de las fechas hacia las que nos dirigimos, nos invitan a ser solidarios, desprendidos, atentos, cariñosos, pacíficos, esperanzados y un sinfín de encomiables dones, consiguiéndolo simplemente comprando los redentores boletos. ¡Ah el arte publicitario, que todo lo transforma hacia la irracional apetencia!

La lotería moderna en España, tal y como la conocemos, nació hace más de doscientos años y fue concebida como “un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes” (wikipedia). De hecho, destina a premios el 70%, quedándose el 30% para engrosar las arcas estatales. Esos pingües beneficios pudieran ser destinados para sostener la multitud de comedores sociales y bancos de alimentos que están surgiendo por doquier para atender las necesidades de una importante franja de población. ¿En qué clase de sistema vivimos que estas organizaciones, tan necesarias en la actualidad, se tienen que sufragar principalmente con donaciones individuales y llevarse a cabo con voluntariado? ¡Y menos mal! ¿Para cuándo los derechos, en este terreno, podrán sustituir a la caridad o la solidaridad?

Los usuarios de esta modalidad de juego están esparcidos en todas las franjas edad así como por gentes de todos los niveles adquisitivos. Esto causa que parte de los jugadores sean gentes de los estratos más humildes de la sociedad, a los que en pos de mejorar su situación financiera, la administración mete las manos en su depauperada economía. Se fomenta además el hábito del juego, pudiendo llegar a ser estas modalidades de entretenimiento auspiciadas y fomentadas por el estado, como la puerta de entrada en otras disciplinas de juego mucho más perjudiciales por la dependencia y consecuencias que pueden originar.

También ha llegado a convertirse en una manera de blanquear dinero, llegando los billetes premiados a manos de acaudalados personajes en innumerable ocasiones, pudiendo así aflorar a la superficie ingentes cantidades de dinero que no podía ser gastado por haberlo ganado de manera ilícita o por no haber tributado impuestos por el mismo. Bueno, quizá sea mejor tomarlo como una “amnistía fiscal”, una de esas que, por un pago irrisorio y con la excusa de que salga el dinero a circulación, es usada por el gobierno de turno.

Ciertamente, como todo el mundo sabe en el mundo del juego, la “banca” siempre gana.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s