El pacto social

En un post anterior hablaba sobre como los funcionarios de las administraciones públicas, debido al covid,  estaban funcionando con cita previa a la hora de atender a los ciudadanos. De hecho, las declaraciones de hacienda este ejercicio no se han podido realizar de manera presencial, lo que ha hecho que ciudadanos que no son muy duchos con las tecnologías hayan tenido que pagar un dinero para que se la confeccionen. El inicio del curso escolar siguiente se espera caliente ante las reticencias del personal educativo a que las clases sean de forma presencial, preocupados por su seguridad y por el foco de contagio en que se pueden convertir las aulas.

Lógicamente hay que procurar el minimizar los riesgos con los medios que sean necesarios y claramente todo dependerá de la evolución de la pandemia. Pero sí que creo que para que una sociedad funcione, sus miembros, deben de asumir las tareas que tienen encomendadas de la mejor manera posible. No me parece equitativo, que mientras trabajadores públicos van a comprar al supermercado, las cajeras y reponedores no puedan llevar a sus hijos a la escuela. O que sea casi una odisea poder acceder a un funcionario que te facilite la tarea a la hora de efectuar cualquier trámite con las instituciones, mientras estos se beneficien de todos los servicios que le ofrece la sociedad gracias a infinidad de trabajadores que han retornado a sus puestos de trabajo in situ.

Centrándonos en el apartado educativo, con la mano en el pecho, creo que todo el mundo asume que la calidad de la enseñanza se resiente sin las clases presenciales. Si aceptamos que la calidad de la educación disminuye, enrocarse en la no posibilidad de realizar clases normalizadas, sería como admitir que el trabajo que realizan es menos importante que el que realiza el resto de trabajadores de la sociedad con su actividad presencial. O lo que es peor, asumir que existen trabajadores de primera, en los cuales su salud debe de ser protegida a toda costa y trabajadores de segunda, en la que su salud es menos importante. Además, tampoco se debería obviar que el sueldo de los trabajadores públicos se paga con los impuestos recaudados entre toda la sociedad así como por la deuda pública asumida por todos. En ese caso, si los componentes de la sociedad no reciben, tanto en cantidad como en calidad, el trabajo que ejecuta una parte de sus miembros, los primeros quedarían exonerados de su deber de contribución al mantenimiento de la comunidad, por ejemplo, dejando de pagar la parte proporcional de impuestos destinada al pago de haberes de los segundos.

Como nos mostraba Rousseau, muchas veces olvidamos que por el hecho de vivir en sociedad, a la vez que derechos, existen deberes que se justifican por los beneficios que recibimos por estar inmersos en ella. Estos beneficios son ignorados, denostados o trivializados. Pero como recuerda la sabiduría popular, solo se valora una cosa cuando se pierde.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s