Proyectos

Canfranc
Foto fuente Wikipedia

Igual pensarán que los proyectos faraónicos de onerosos costes monetarios es una cuestión reciente aquí en España. En estas líneas les mostraré otra obra que en su día tuvo gran significación al más alto nivel, en la que no se deparó en gastos ni en representatividad de las más altas autoridades, y que a día de hoy, por diferentes motivos, se ha quedado en nada. Me refiero a la Estación Internacional de Canfranc.

El proyecto nace del interés de unir España y Francia por el puerto pirenaico de Somport, a medio camino entre los pasos ya abiertos del País Vasco y de Cataluña. En 1915 se concluyeron las obras del túnel ferroviario que horadaba la montaña. En 1923 se inició la construcción de la estación, inaugurándose el 18 Julio de 1928 en presencia del Rey de España y el Presidente de Francia, Alfonso XIII y Gaston Doumergue respectivamente. Desde la firma del primer convenio hasta la inauguración habían transcurrido 24 años para acabar una de las más grandes estaciones de Europa. Se dice, se comenta, que Franco asistió a la inauguración. No se sabe,  pero no sería de extrañar, que debido al impacto que le produjo el boato del evento, se le quedara grabada esa fecha en su inconsciente para realizar sus “proyectos” unos años mas tarde.

No se estrenó con mucha suerte. En 1931 sufrió un importante incendio que afectó a partes clave de la estación. Durante la guerra incivil española, la estación fue controlada por tropas franquistas, siendo tapiado el túnel que unía con Francia para evitar incursiones desde el país vecino. La parte más cinematográfica de su historia se produce durante la Segunda Guerra Mundial. Con una Francia ocupada por el ejército nazi, el paso fronterizo se convierte en el paso principal de un material vital para el armamento alemán (wolframio), empleado  en la elaboración  del acero empleado para el blindaje de los tanques teutones. A cambio, toneladas de oro cruzaron la frontera con dirección quién sabe dónde. Y ya saben, en un sitio donde se mezclan materias primas y oro en un ambiente de pugna internacional,  es un escenario propicio para el establecimiento de espías realizando toda clase de chanchullos. También fue una de las puertas de escape usada por judíos para huir de la eliminación sistemática decretada por las autoridades nazis. Todos no lo consiguieron.

Después de las guerras, por fin se reinicio el tráfico entre ambos países, pero la suerte no acababa de sonreír al proyecto. En 1970, el derribo del puente de L’Estanguet a causa del descarrilamiento de un tren mercancías, hizo cerrar el tráfico internacional hasta nuestros días. Hoy, la estación languidece, con un único servicio ferroviario desde Zaragoza, aunque se están acometiendo obras para darle una nueva utilidad a la estación (hotel) y adecuando las vías pensando en una futura reanudación del tráfico internacional.

Quién sabe, quizá nuestros nietos acaben visitando como turistas alguno de los aeropuertos sin uso construidos por toda la orografía nacional, erigidos en el periodo del boom de la construcción y del pelotazo urbanístico. Pero de seguro que no tendrán la dignidad ni el postín de la Estación Internacional de Canfranc.

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