Experimento de la cárcel de Stanford

Se ha dicho que el resultado del experimento demuestra la impresionabilidad y la obediencia de la gente cuando se le proporciona una ideología legitimadora y el apoyo institucional.

Esta es una de la conclusiones de un famoso experimento conductual acaecido en 1971 y conocido como Experimento de la cárcel de Stanford. En esta prueba se reclutaron al azar personas que voluntariamente se prestaron para realizar la investigación. Esta comenzaba con la repartición aleatoria de estos seleccionados entre los roles de presos y de guardianes, ejerciendo sobre los primeros unas técnicas tendentes a provocar desorientación, despersonalización y desindividualización, y otorgando a los segundos la potestad de usar las medidas que considerarían necesarias (excepto la fuerza física) para mantener el orden establecido. El experimento tuvo que ser cancelado al poco tiempo, antes de su finalización, debido a los graves trastornos emocionales sufridos por los “presos” a cuenta del tratamiento humillante e incluso sádico de algunos “guardias”.

Salvando las obvias diferencias, sí que pudieran concurrir una serie de similitudes con la situación que hemos vivido en algún periodo del proceso referente al coronavirus. Me refiero al hecho de que la gente se creyera con el derecho de increpar a individuos que se saltaban alguna de las normas de confinamiento, siendo este hecho mostrado con profusión por los medios de comunicación, con lo que dieron patente de corso para seguir ahondando en este tipo de actitudes. Personas que sacaron al exterior su propia frustración por la situación que estaban viviendo, culpabilizando por ello a quienes consideraban que hacían una falta garrafal, sin pararse a pensar en las situaciones personales de cada infractor. Con este tipo de acciones no meditadas se han cometido grandes injusticias y provocado dolor en esta situación especial (estoy pensando en chillos a gente que sacaba a pasear a su hijo autista) y han sido las causantes de no pocos atropellos a lo largo de la historia de la humanidad (culpabilizar a personas o colectivos de alguna situación o enfermedad determinada). Parece que estas maneras zafias que se prodigaron al principio de la pandemia se han ido corrigiendo, en parte por el cambio de actitud en los medios de comunicación dejando de mostrar dichas prácticas. Cosa que me congratulo, ya que de no modificarse estas tendencias podíamos haber acabado (conociendo la idiosincrasia de algún espécimen humano) por habernos echado las manos a la cabeza ante la violencia con la que pudieran llagar a defender sus arranques justicieros.

Se ponen de manifiesto las dos pulsiones innatas del ser humano, el ansia de libertad por un lado y el anhelo de protección por otro. De cómo unos, enarbolando su seguridad, se creen con derechos sobre otros, coartando libertades o capacidad de acción por cualquier medio, con la bendición del poder establecido.

Esto respecto a la gente que se arroga atribuciones de mantenimiento del orden sin estar nombrados para ejercerlas, pero ¿qué diremos de algunas actuaciones de quienes sí lo están? Arengados por esta situación especial que estamos viviendo, supongo que esperando el aplauso de la sociedad o la medalla de sus superiores, se han visto algunas actuaciones que por lo menos pudieran ser tildadas de estrambóticas. El hecho de aterrizar un helicóptero para multar a una persona que estaba paseando con su perro por un camino agrícola o al lado de un paseante de una desierta playa, me parece una actitud peligrosa y excesiva, que no señala nada bueno hacia la mesura con la que se debería de conducirse algún miembro de las fuerzas encargadas de mantener la paz en la comunidad. Qué decir de ese exceso de celo, sacando a relucir el bolígrafo sancionador para quitar una parte del pan ganado con el sudor de la frente de cualquier persona que esté en el exterior trabajando, algunos por el bien de quienes estamos en confinamiento, por cualquier infracción mínima.

Cuando la aplicación de una medida genera más alboroto que el propio problema que pretende atajar, debería ser meditada antes de llevarse a cabo.

12 comentarios sobre “Experimento de la cárcel de Stanford

  1. Creo que en todas la ciudades se han cometido atropellos por la información distorsionada sobre el confinamiento obligatorio. Un ejemplo claro es lo que sucedió aquí, en Chile. Los vecinos al enterarse por los medios de que una familia de 5 miembros tenía el virus, se le ocurrió protegerse, incendiando la casa para que se fueran estando ellos adentro.
    Lamentablemente, con esta situación, estamos sacando a flote. lo bueno y lo peor de nuestra personalidad.
    Tu artículo es muy acertado para llamar a atención y reflexionar sobre lo que esta sucediendo en la sociedad mientras pasa la cuarentena. Muy interesante la lectura.
    Saludos
    Manuel

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  2. Totalmente de acuerdo. Homo lupus homini est. El hombre es un lobo para el hombre. El confinamiento y las crisis graves sacan lo mejor y lo peor del ser humano. De joven vi actitudes así a escala industrial, y también me vi afectado por ello. Curiosamente me mezclé con aquellos que eran los perseguidos cuando podía hacerlo entre los perseguidores. Pagué un alto precio, pero me siento satisfecho de haberlo hecho. No podría mirarme a mí mismo si hubiese levantado un solo dedo ante un inocente. Porque no es precisamente culpable quien no sigue las normas, sino aquel que saca provecho de las mismas.

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    1. Seguramente que estar en un lado o en otro intervienen muchos factores, pero seguramente uno de los mas importante sea lo que señalas sobre tener la conciencia tranquila…aunque siempre te encuentras con alguien sin ella o con justificaciones interesadas…Gracias por pasarte, siempre es un placer reflexionar con tus palabras…Saludos!!

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  3. Filósofo, eres la repera, no tenias que haber sido chispas sino senador, bueno senador no, que no sirven para nada. FILOSÓFO.
    Un a brazo y recuerdos

    Enviado desde Correo para Windows 10

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