Unabomber

Algo ha llovido desde que este personaje quedara confinado en una de las cárceles de más seguridad de EEUU. Theodore Kaczynski, nombre de pila del sujeto, mantuvo en jaque a la policía de su país por enviar cartas bomba a universidades y aerolíneas durante 17 años hasta que en el año 1995 fue capturado. Por las características de estos hechos el FBI le asignó el apodo por el que fue conocido (university and airlines bomber). En estos actos terroristas se produjeron tres muertes y 23 heridos.

Hasta aquí pudiera ser una historia anodina y que no diera más de sí. Pero toda persona tiene un pasado y un objetivo. ¿Quién era semejante facineroso? Era un matemático brillante  graduado en Harvard y doctorado por la Universidad de Michigan, que renunció a un exitoso  futuro y que se marchó a vivir solo a una cabaña en mitad del bosque emulando a Thoureau, eso sí,  125 años más tarde y con diferente estilo literario. Digo lo de literario, porque al final de su vida delictiva, ofreció un manifiesto a los periódicos de más tirada nacional con la condición de que si era publicado cesaría en su actividad terrorista.  El New York Times accedió a su publicación, hecho que fue crucial en su detención, ya que su hermano reconoció el tipo de escritura así como alguna de las ideas que enarbolaba en su proclama.

Este escrito, titulado La sociedad industrial y su futuro, advertía en una serie de ideas el peligro que a su juicio hará devenir una nefasta distopía. De como a partir de la revolución industrial, el ininterrumpido desarrollo tecnológico estaba suponiendo un peligro para la libertad individual y para la naturaleza, abocando al género humano a su destrucción. Tocaba temas económicos, filosóficos y como no, psicológicos. Enmarcado en este último aspecto, hablaba de un llamado “proceso de poder”, una inclinación seguramente de orden biológico en el ser humano la cual era indispensable alcanzar para gozar de la plenitud, la realización como persona y evitar problemas psicológicos tales como depresión o baja autoestima. Hablaba de cuatro conceptos. Una “meta” que debíamos plantearnos, un “esfuerzo” que debía costarnos el alcanzar este objetivo, y una “consecución”, sino de todo, de algo que nos hubiéramos propuesto. El cuarto hacía referencia a  una “autonomía”, la cual pudiera ser la causante del impulso de irse a vivir en medio de la nada. Ponía como ejemplo a la aristocracia de tiempos pasados como ejemplo de institución decadente, ya que los que no tenían ningún problema por mantener su estatus acababan aburridos e inmersos en un hedonismo insano, a no ser que ocuparan su tiempo con una serie de actividades sustitutivas.

Interesantes ideas, que independientemente de quién las formule, pueden traer a colación encendidos debates.

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