El partido en la era.

Épocas en las cuales los niños reciben innumerables regalos y juguetes, y aún así esto no les produce más que una ilusión efímera. Tiempos en los que los mozalbetes participan en torneos organizados por sus padres, pero que a la vez son explotados con interminables entrenamientos o con trabajosos madrugones para jugar en algún recóndito lugar, jaleados por unos progenitores que quieren que sus retoños hagan realidad sus propios sueños que el tiempo se ha encargado de romper. ¿Cómo podíamos ser felices antaño si no disponíamos de juguetes y nuestros campeonatos nos los organizábamos nosotros, sin ningún tipo de equipación,  y haciendo equilibrios para no pitar falta y enfadar al único chico del grupo que poseía un balón de badana so pena que se lo llevara? Pues sí, lo éramos…

No teníamos la inmediatez del whatsup pero tampoco teníamos vergüenza en tocar el timbre a nuestro amigo vecino. Nos juntábamos y con nuestra bolsa de pitas en el bolsillo nos íbamos a nuestra cancha particular, que no tenía ninguna delimitación marcada con máquina alguna, sino que conque no estuviera llena de piedras nos dábamos por satisfechos. Y si alguna tenía, con cuatro patadas dejábamos el terreno tan liso y llano que el contacto de nuestros huesos con el suelo era comparable al que hubiéramos experimentado en el césped del Maracaná. No existían equipos prefijados, sino que echábamos a pies para formarlos, saliendo siempre equipos de una destreza similar ya que cada capitán se turnaba para elegir un jugador del grupo. Y el número de jugadores tampoco era importante, ya que dependía de los allí reunidos y lo único importante era que jugáramos todos, pudiendo jugar desde futbol siete a futbol quince.

Piedras y jerséis para formar los postes, sin larguero, lo que ocasionaba alguna discusión acerca de la trayectoria del balón y que quedaba zanjada por la opinión mayoritaria, en la cual cada uno de nosotros mostraba su verdad, la que había sido testigo, sin influencias de terceros. Esto mismo valía para las faltas, donde lo más importante no era el reglamento, sino que quien acababa en el suelo no hubiera sufrido daño. No necesitábamos árbitro, ya que la justicia se adoptaba por mayoría, lo que es infinitamente más difícil de sobornar.

Y comenzaba el partido, con el balón colocado hacia el centro del terreno. El que hacía acopio de más tiempo de balón, en lugar de ser valorado como hoy, era tildado de “chupón”, y como nadie quería sufrir esa lisonja el juego fluía y todos participábamos, desde el mas virtuoso hasta el más torpe. Si, no os lo podréis creer, en aquella época el más torpe también tenía cabida, y no como en los equipos de niños pseudo-profesionalizados actuales, en los cuales los chicos con menos facultades son invitados a buscar otro deporte.

Y así pasábamos esa mañana de fiesta, patada arriba, patada abajo, hasta que sin importarnos el tiempo que llevábamos jugando ni el resultado que mostraba el inexistente marcador, daba la hora de comer y nos íbamos cada uno a nuestra casa para evitar la regañina por llegar tarde.

Diferentes reglas para diferentes tiempos…

2 comentarios sobre “El partido en la era.

    1. Cuando empiezas a recordar cosas del pasado, no puedes dejar de sentir cierta nostalgia, quizás por el sentimiento de pérdida o porque empiezas a valorar las cosas a las que en su día no dábamos ninguna importancia…Gracias por tus palabras, seguimos en contacto!!

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