El lapso de tiempo

Hace unos días estaba leyendo y disfrutando un magnífico post de un compañero de fatigas en este tan arduo como maravilloso mundo del blog (CIV). Dicho escrito versaba sobre lo espléndido que era un juego de ordenador (Sid Meier’s Civilization, el cual aprovecho para recomendar encarecidamente). Le escribí confesándole que yo también era un video adicto en la materia, y que según el contador de la plataforma donde suelo jugar, llevaba jugando alrededor de 1200 horas.

Pensando sobre este dato no tuve por menos que sentir una pequeña turbación. Había estado jugando alrededor de 50 días completos de mi existencia. Y si rizando el rizo, consideramos que compré el juego hace 4 años y pico, y que de cada día dedicamos 8 horas al dormir (ese tiempo lo defenderé a capa y espada…), nos arroja que el 5% de mi tiempo de vigilia de mi último lustro lo he empleado en desentrañar los misterios de ese juego.

Quizás estas tribulaciones aparezcan por la toma de conciencia de la finitud de la existencia, a modo de sentimiento trágico Unamuniano. Esta percepción nos impulsa a estar siempre buscando que el tiempo concedido sea aprovechado haciendo cosas útiles, entendiendo esa utilidad por todo lo que te ayude a progresar en todas las facetas de la vida (física, espiritual, mental, económica…). Luego, cada uno de nosotros le dará más valor a una u otra de estas dimensiones  basándonos en nuestras propias inclinaciones o posibilidades, y así acabamos todos corriendo como posesos, rezando como endemoniados, leyendo cual hechizados o trabajando como si no hubiera un mañana, intentando olvidar lo inexorable de nuestro fin, intentando otorgar sentido a este diminuto lapso de tiempo que es nuestra existencia.

¿Otra partida?

2 comentarios sobre “El lapso de tiempo

  1. Supongo que conoces el lema del juego: «solo un turno más», que se suele representar con un esqueleto jugando al Civ. Sin duda hemos echado muchas más horas de las que deberíamos al Civilization. Para purgar el pecado, podemos acusarnos de ser pecadores de los placeres mundanos de este mundo. O podemos, incluso mejor, empezar otra partida. ¿Qué civilización me elijo?… Un abrazo.

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