El bombero torero

Hace unos días ha  surgido una controversia relacionada con los afectados por acondroplasia (enanismo). Una asociación de aquejados de esta discapacidad había pedido en el parlamento europeo, siendo aceptada su valoración por una parte de la cámara,  que se prohibieran los espectáculos que utilizan personas enanas (enanos toreros, despedidas de solteros, etc.) por considerarlos denigrantes e ir en contra de la dignidad humana. Inmediatamente han salido voces dentro del colectivo defendiendo esas ocupaciones, como uno de los pocos  medios que tienen de ganarse la vida.

Habrá gente que dirima esta controversia de un plumazo, tanto hacia un lado como hacia el otro, pero como en todos los aspectos de la vida donde se contraponen varios derechos que afectan a la propia característica humana (en este caso la dignidad versus la libertad individual), solamente el poner el foco en esta cuestión es ya todo un logro.

¿Son indignos los espectáculos en las cuales se utilice una diferenciación física para producir chanza? Si bien es cierto, que al ser esta diferenciación una discapacidad, lo indigno quizás no sea el hacer de payaso, sino que la indignidad recaiga sobre las personas que pagan por este tipo de espectáculos.

¿Quién se arroga el derecho para tildar determinadas actuaciones de dignas o indignas? Tenemos infinitud de ejemplos de acciones que en su día fueron perseguidas por atentar contra la moral y hoy están totalmente asumidas (divorcio, ley seca…) y viceversa, costumbres que en su día eran aceptadas y la civilización se encargo de mandarlas a la papelera de la historia (sacrificios humanos, esclavitud…). Esto llega hasta nuestros días con actividades que  empiezan a ser cuestionadas en la actualidad (espectáculos con animales, consumismo exacerbado…),  lo que muestra el cómo influye la cultura, la religión o el tiempo cuando se produce el debate,  a la hora de la prohibición o la aceptación de prácticas concretas.

¿Si eso queda comprendido en ese espacio acotado del espectáculo, donde hay una contrapartida económica, es admisible? Puede que nos rasguemos las vestiduras con lo que vemos en esa dimensión, y pasemos de puntillas ante bromas de mal gusto que se hacen en la vida real sobre cualquier persona con alguna discapacidad, o con implicaciones sexistas o racistas.

¿Pudiera ser que este tipo de espectáculos afecten a todo el colectivo de una manera peyorativa, afectando la visión general que tenga la sociedad sobre esta discapacidad? Quizás este sea un punto por el que pudiera hacer plausible el coartar la libertad del individuo en ejercitarlo. Con todo,  el demostrar este particular se me antoja harto difícil.

Sirvan estas pequeñas pinceladas, desde la lejanía y el desconocimiento, de intentar poner en la palestra una problemática en la cual los afectados, puedan sentirse comprendidos y acompañados.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s