La fotocopiadora

Todos en nuestra niñez hemos reflexionado sobre el dinero, esa especie de magia por la cual podemos intercambiar unos papelitos pintados de colores por toda clase de bienes y servicios.

El erudito profesor nos explicaba que primeramente el dinero se componía de metales preciosos que iban cambiando de mano en mano. Posteriormente esos metales se acuñaron en forma de monedas, pero como no se podían llevar todas encima, estas se guardaban en un sitio determinado y se fabricaban unos documentos, los cuales si los entregabas en ese sitio te daban tus monedas. Luego esos documentos pasaban de mano en mano, por lo que sin pretenderlo se crearon los billetes bancarios. Estos billetes se respaldaban con una cantidad de oro que se guardaba en arcanos lugares, por lo que estos boletos mantenían su valor.

Y entonces, el más espabilado de la clase preguntaba- ¿por qué los gobiernos no crean billetes a mansalva y se reparten entre la población? Así acabaríamos con todas las necesidades y no sería necesario trabajar. El profesor, como esperando esa pregunta, arqueaba sus cejas y condescendientemente contestaba-No Jaimito, el número de billetes refleja la riqueza de cada país, y si haces eso cada vez esos billetes tendrían menos valor, por lo que podrías comprar menos cosas con ellos. Ante la lógica y la rotundidad de la respuesta todos nos quedábamos satisfechos dejando por zanjada la discusión.

Luego en 1971 se abandonó el patrón oro y pasamos a regirnos por un modelo en el que el respaldo del dinero era la confianza que se tenía en la entidad emisora de la moneda. Los estados empezaron a endeudarse para conseguir financiación (¿como un país no va a poder pagar su deuda?), llegando a niveles insostenibles. Y en estas estábamos hasta que en la crisis económica de 2007, Draghi (gobernador del BCE) pronunció su famosa frase “haremos lo que sea necesario” para salir de la crisis, inundando con ingentes cantidades de dinero a gobiernos y bancos, para que éstos irrigarían a la población con los cuartos y no se detuviera la maquinaria…

¿Cómo explicaría ahora aquel entrañable profesor los efectos de la teoría de la fotocopiadora a los niños actuales?… Pero, por otro lado, que entenderemos nosotros de macroeconomía…

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