Hola, hallo, Konnichiwa

El saludo, ese acto mecánico y aparentemente trivial, encierra una significación muy especial. Esa cortesía es una comunicación bilateral que confiere reconocimiento a la otra parte. ¿Cabe mayor afrenta, que la negación de existencia en la que pretende hacer caer el negador del saludo al ignorado?… Pero, por otro lado, ¿no es el más perjudicado en esa situación quien niega el saludo?… pensemos que deja al descubierto dos posibilidades: o su animadversión (con lo que muestra su turbación y por ende su debilidad) o su estupidez.

Cada cultura tiene formas diferentes de saludar, lo que hace que a veces puedan acaecer situaciones incómodas cuando el encuentro es entre diferentes nacionalidades.

Los alemanes siempre se saludan con un fuerte apretón de manos mirándose a los ojos, eso sí, teniendo cuidado que no haya más contacto físico que ese. Ahora entiendo la cara de estupor que puso el responsable de la empresa donde trabajaba, cuando siendo yo un mozalbete, me presentó a un importante CEO alemán de la compañía para la cual desarrollábamos una labor, y a la vez que le saludaba le di dos afectuosas palmadas en el brazo. El teutón me miró de arriba abajo, (mi responsable pálido preparado para el quite ante cualquier gesto adusto), pero al ver mi franca sonrisa no pudo por menos que sonreír por mi candidez, allanando el camino para nuestro negocio.

Nosotros, los habitantes de esta piel de toro, somos más tendentes a tener diferentes grados para el saludo. No es lo mismo el cruzarte con una persona conocida que una presentación a un desconocido, ni el estar en la calle en un ambiente de fiesta que en la judicatura para resolver un espinoso asunto. Aquí pasamos desde un simple arqueo de una ceja o un sonido gutural (ehh, euuu, epaa) a la mayor de las efusividades (besos, abrazos…) dependiendo de la intensidad que le queramos conferir al gesto. El saludo “alemán”, lo guardamos para ocasiones que requieran algo más de formalidad, tales como cuando hace mucho que no has visto a una persona o la seriedad requerida por importantes celebraciones.

Tantas diferencias entre dos culturas relativamente cercanas, que no habrá con culturas exóticas. El saludo japonés consta de una reverencia, en el cual,  por no tocarse no se tocan ni las miradas. Pero esta reverencia también tiene sus matices y dependiendo de los grados de inclinación, será apropiada para una situación u otra.

En resumidas cuentas, distintas formas y maneras en las cuales subyace lo verdaderamente importante, el reconocimiento de la otra parte tal como ella es, lo que es condición indispensable para llegar a cualquier acercamiento.

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