Humildad y sencillez

En el pasado post hablábamos sobre humildad y romanos, por lo que me gustaría aderezarlo con un párrafo del Julio César de Shakespeare:

“pero es cosa sabida que la humildad es una escala de la ambición incipiente, a la que vuelve el rostro el trepador; pero una vez en el peldaño más alto, da entonces la espalda a la escala, tiende la vista a las nubes y desdeña los humildes escalones que le encumbraron”

Apoteósico. Cuanta sabiduría mostrada en tan pocas palabras. Cuántas veces hemos visto que gente sencilla, cercana y humilde, al haber alcanzado altas cotas de responsabilidad se han convertido en personas distantes y soberbias, como si una cosa fuera aparejada a la otra. Con que inconsciencia desestiman la “insignia” que les ha encumbrado, por considerarla menor. Ilusos. ¿Pues no sabéis acaso que esta existencia es una montaña rusa en la cual tan pronto te sonríe la suerte como caes irremediablemente en el averno? ¿Cómo puede cambiar tu manera de ser una cosa tan voluble, como es el destino? ¿O acaso crees que lo controlas y eres tal que un dios, al que nada externo le afecta?

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