Universidad, motor de progreso

El haber cursado estudios universitarios siempre ha sido condición “sine qua non” para acceder a determinados puestos así como garantía de calidad en los aspirantes. Con la mayor democratización del acceso a los estudios universitarios (siempre ha habido cortapisas económicas, culturales, sociales…),  la Universidad se ha llenado de estudiantes buscando un mayor desarrollo profesional. En los últimos decenios se ha pasado de ser una oportunidad reservada para unos pocos a ser una opción escogida mayoritariamente por la mayoría de nuestros jóvenes, cambio por el cual debe de vanagloriarse  la sociedad.

Esta transformación, empujada en parte por la necesidad de equiparación con nuestros vecinos europeos, me pregunto si también ha supuesto una merma en la calidad de los estudios ofertados. Antaño llegaban a las universidades los estudiantes más sobresalientes (algunos ni aún así) a costa de grandes sacrificios por parte de sus familias y los vástagos de las clases pudientes (mereciéndolo o no). Hoy también pisan la universidad alumnos que no tienen el menor interés por los estudios que cursan, con un nivel cultural mediocre y que no piensan más que en hacer botellones y fiestas en pisos universitarios, para desespero de vecinos y merma en el peculio paterno, amén de un  importante monto de dinero público despilfarrado en la formación de estos inmerecidos educandos.

Por otro lado, como obviar el daño hecho a la institución universitaria por los recientes casos de corrupción acaecidos en Madrid. Multitud de casos de concesiones inmerecidas de masters, títulos y demás zarandajas a los políticos de turno o su parentela. Pero, ¿cómo evitar estas corruptelas si son estos mismos políticos los que conceden las subvenciones para sufragar todo el mantenimiento de la universidad? Bueno, alguna cosa ha tenido de bueno este vergonzoso episodio. Ante la escrutación  general que se procedió a efectuar en todos los curriculums de la clase política,  de los cuales se jactaban con gran pretenciosidad,  algunos títulos desaparecieron como por ensalmo de las palestras donde publicitaban los diplomas que hasta entonces habían sido merecedores, ahorrando espacio y sentido de anonadamiento al común de los mortales que nos maravillábamos con lo bien preparados que estaban nuestros dirigentes.

Seguro que como institución tendrá muchas cosas en las que incidir para mejorar, pero indudablemente seguirá siendo una pieza fundamental en el progreso de los saberes del ser humano.

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