Cuando el pagar es fácil

Ya llevamos años usando las tarjetas de crédito para hacer nuestros pagos, como un símbolo de modernidad, como si fuéramos dioses con un talismán en nuestras manos que sirviera para la satisfacción de todas nuestras apetencias. Cada poco tiempo se suman otros sistemas de pago (móviles, plataformas varias, etc.), para hacer (según dicen) más fácil el hecho de pagar un determinado artículo. El dinero contante y sonante está siendo arrinconado e incluso estigmatizado, quedando para pequeños pagos. Últimamente se habla por parte de los gobiernos que, en aras de la sacrosanta persecución de la evasión de impuestos, en un futuro cercano esta arcaica forma de pago quedará abolida (nada dicen de suprimir los paraísos fiscales).

Pero se olvidan de recordarnos para que fueron inventadas las tarjetas de crédito. En cualquier negocio de ventas los beneficios comienzan una vez que se han cubierto todos los gastos, y todas las ventas que se hagan a partir de este punto hacen aumentar la rentabilidad de forma exponencial por lo que llegar a este punto es primordial. Unas de las principales causas de la invención de las tarjetas fueron el aumentar el consumo. Está comprobado que la gente que realiza sus pagos por este medio no controla tanto el dinero que gasta, teniendo menos reparos en realizar cualquier dispendio. Por otro lado, también nos permite gastar más de lo que disponemos. Esto sería maravilloso si no fuera por el pequeño detalle que luego hay que devolverlo (y pagando unos intereses rayanos en la usura si te demoras en el pago). Además, un uso irresponsable de la línea de crédito que te “regalan” estas cornucopias, son causas de un gran número de bancarrotas personales.

Por lo que parece claro que este sistema de pago es el preferido por los poderes establecidos por múltiples razones. Todo son ventajas. En primer lugar el control de la evasión de impuestos nombrada anteriormente. Por otro lado  la clasificación de  todos nuestros movimientos de consumo con lo que esto supone en la elaboración de perfiles de consumo gracias a la tecnología “big data”.   Qué decir de lo que gana cada banco con cada compra que realices con sus tarjetas, esa comisión que repercute en el comerciante pero que a la larga acaba incidiendo en  el consumidor. Y como no,  el aumento que haremos en nuestro consumo como seres manipulables e irracionales que somos, que hará las delicias de comerciantes y fabricantes.

Como consumidores, no digo el volver a la talega para hacer nuestros pagos, pero no estaría de más el tener en cuenta todas las implicaciones de usar sin control ese dinero fácil.

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