La creencia como transformadora de la realidad

Muchas veces nos enzarzamos en disquisiciones sobre si una cosa determinada es verdad o mentira, sobre si es real o fruto de nuestro pensar erróneo. Suelen además ser discusiones acaloradas porque afectan a cosas en las que es difícil o imposible su demostración.  Cosas como la religión, modos de vida o ciencia pudieran ser elementos afectados de estas discordias, habiendo producido millones de muertes a lo largo de la historia.

Démosle una vuelta. ¿Y si lo verdaderamente importante no fuera si es real o no, sino los efectos que produce?

Hablando de ciencia, un agujero negro no se sabe con certeza lo que es, solo se sabe que produce unos determinados efectos físicos. En el mundo del conocimiento,  esto se produce en infinidad de ocasiones teniendo que crear teorías que den explicación a determinados fenómenos, que se usan hasta que aparece otra más plausible o se demuestra fehacientemente un hecho.

Otro ejemplo claro pudiera ser los llamados efecto placebo en medicina. Una administración de una sustancia sin poder terapéutico, puede llegar a afectar positivamente al estado de salud de un paciente si éste piensa que esa sustancia  lo va a curar. No me meteré en conflicto ético que pudiera suponer engañar al paciente sobre las virtudes de unos determinados tratamientos, habiendo casos en las que algunas “pseudoterapias” han enriquecido a gente sin escrúpulos así como provocado auténticos dramas personales.

Y qué decir de la religión, la más controvertida de las materias. Imposible demostrar científicamente o racionalmente la existencia de Dios, pero como negar que la influencia de estas ideas han sido uno de las aspectos que más ha marcado la evolución de la especie humana desde sus inicios. Una persona imbuida por una convicción de este tipo es capaz de los logros más loables,  pero también es capaz de hacer las más terribles maldades en lo que él considera una defensa de su modo de pensar.

Para acabar señalaré la peripecia de Hiro Onoda. Este señor fue un soldado japonés que se quedo aislado en una isla de filipinas durante la segunda guerra mundial. Este soldado no creía que la guerra había terminado y estuvo combatiendo en guerra de guerrillas hasta el año 1974 (casi 30 años después de la finalización de la guerra). Su realidad fue diferente a la verdadera, y esto acompañado de su visión del sentido del deber, le hizo entregar toda su vida a una causa.

“Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”- William I. Thomas

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