Justicia o falta de…

Últimamente han saltado a la palestra diversas cuestiones relacionadas con la justicia que merecen algunas reflexiones. Como no mostrar perplejidad ante la rectificación del tribunal supremo, enmendándose a él mismo la plana, sobre la devolución del impuesto de actos jurídicos documentados de las hipotecas. Tras la publicación de la primera sentencia en la que se condenaba a los bancos a devolver este montante,  las acciones de estos comenzaron a caer estrepitosamente. El sistema económico  empezó a sentir vértigo e hizo sentir a ese mismo tribunal parte de esa zozobra por  las consecuencias impredecibles de esa decisión. Por lo que en una insólita decisión volvió a reconsiderar la sentencia y esta segunda  vez le dio la razón a los bancos en detrimento de las peticiones de los consumidores. A la efigie de la justicia se le acababa de caer la venda de los ojos.

Y qué decir de la renovación del CGPD (Consejo General del Poder Judicial) que se ha quedado en agua de borrajas después de la filtración a través de un whatsupp (no, no tuvieron que emplearse a fondo los servicios de inteligencia) por parte de un senador, en el cual mostraba sin ningún pudor como dicha negociación se había hecho para defender los intereses de un determinado partido político.

Otro tema relacionado son las injerencias que ejercen algunos representantes de los partidos políticos con algunas decisiones tomadas en los tribunales. Estas intromisiones  suelen ir  precedidas con la coletilla “respeto lo que dice el poder judicial pero…” (a veces no se molestan ni en decirla), explayándose luego a gusto  criticando abiertamente unas determinadas resoluciones, arengando a la población a manifestarse en contra de cualquier aspecto. Solo cabría decirles es que los jueces deben de juzgar en función de unas determinadas leyes, que por cierto las hacen los que critican estas resoluciones, y que si no se atienen a estas leyes lo que debieran hacer es acusarles de prevaricación. Sálvenos la providencia de que las sentencias se tomen en función de volubles opiniones infundidas en la población por personas con poder.

Y acabaremos la entrada de hoy disfrutando de la lectura de un párrafo  de Goethe sacado de su eterna obra Fausto,  que nos ilustra sobre las consecuencias de la falta de justicia:

 “Cuando llegan las quejas hasta el tribunal y el juez se decide a ocupar su puesto, empieza el torrente revolucionario a rugir cada vez mas furiosamente,  porque quien se apoya en altos cómplices puede gloriarse de su infamia y sus crímenes, y solo veréis pronunciar la palabra culpable contra el inocente que queda sin defensa. ¿Cómo, vista de todo esto, queréis que se generalice el único instinto que nos impulsa hacia el bien? El hombre de rectas intenciones se deja al fin tentar por la adulación o por un interés mezquino, y cuando el juez no puede castigar, acaba por unirse con el culpable”

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