Pasos de cebra

Todavía tengo palpitaciones. Hace un momento, mientras pasaba  un paso de cebra, veía que el coche que se acercaba no estaba frenando. He empujado a mi mujer para quitarla de la trayectoria,  y poniéndome enfrente del coche y levantando las manos,  no me ha salido más  que un sonoro exabrupto. La conductora, saliendo de su letargo, ha clavado los frenos y ha pedido perdón, exculpándose diciendo que el sol  la había deslumbrado.

Así debería de haber quedado la cosa. Pero incitado por el susto que me he dado, y tomando conciencia de lo fácil que es provocar una desgracia y  buscando que no se volviera a producir esa situación, le he reprochado a la chica en un tono vehemente (si que creo que si en lugar de ser una chica hubiera sido un fornido “Chuck Norris” no lo hubiera sido tanto),  que debería de tener más cuidado, diciéndole que si no veía por el sol debía de adecuar su velocidad y asegurarse de que no pudiera provocar una accidente. –Ya te he pedido perdón- Me ha respondido. Como si el pedir perdón todo lo lavara, como si la posibilidad de haber causado una calamidad se disculpara con pedir perdón, un perdón vacuo, un perdón sin contrición.

Pero, ¿no es así simplemente como se producen los accidentes, sencillamente por un pequeño descuido? ¿Debemos  responsabilizarnos de esos despistes, tomar conciencia de su gravedad, aunque no se produzca una desgracia? ¿Es posible estar la totalidad del tiempo en alerta? Y si esto no es posible ¿deberíamos ser más indulgentes con las distracciones?

beatles

 

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