¿A que me dedico?

Hoy en día es usual escuchar en nuestros adolescentes a la hora de la elección de sus estudios un vacilante  “es que no sé que me gusta”, dilatando la decisión hasta el último momento. Esto lleva a veces a que sea demasiado tarde para tomar interés o explorar un determinado campo, quedando en tierra de nadie sin ninguna opción.

Parece que están esperando a ser tocados por una varita mágica, y que seguidamente van a gritar el famoso,  ¡¡Eureka!! . Y a partir de ahí todo va a ser un mundo maravilloso y que van a ser felices dedicándose a algo admirable que les va a llenar de felicidad. Y para colmo, casi no van a tener que esforzarse en alcanzar su objetivo, y cuando acaben su placentera formación conseguirán  un trabajo muy liviano, gratificante y con un salario generoso…

Almibarado discurso me está quedando hoy. Pues no queridos niños, la vida no es así.

Entiendo que no queráis elegir, pero sabed que lo hacéis por miedo. Miedo a tomar vuestras propias decisiones, miedo a esa libertad que te obliga a asumir responsabilidades, miedo a tomar una senda por el riesgo de equivocarte.

Si estás en ese periodo de indecisión y no sabes a que dedicarte, piensa pros y contras, y coge la opción que menos te desagrade. Luego persigue esa opción como si no hubiera un mañana y no te preocupes, cuando domines esa materia a base de puro trabajo, acabara gustándote. Cualquier cosa antes de quedarte en ese periodo de indefinición que no conduce más que a la insatisfacción y al hastío.

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